LA LA LAND: EL PELICULÓN

No hay nada tan cálido en estas gélidas fechas de invierno como estrenar en este año una película que podría definirse como La Película.

La emoción con la que entraba a la sala del cine, momento sobrecogedor que compartí con mi pareja en un cine riojano, era una sensación bastante acusada. ¡Con razón entré emocionado a ver la película!

Los primeros momentos me asustaron un poco, ya que, a grandes rasgos, los musicales me gustan, pero si pecan de excesivos tienden a aburrirme y, por consiguiente, hacer que mi atención decaiga. Sin embargo, en esta ocasión, ha producido en mí un efecto contrario. Y es que, ante tanto bombo que se le ha dado a la película con eso de que era un musical, estaba atemorizado… Me cuestionaba si sería capaz de “aguantar”. La respuesta ha sido un rotundo SÍ.

La imagen, vestuario, diálogos, escenarios (me derrito pensando en las escenas del estudio de grabaciones)… tienen una nota impecable. Incluso la química entre los actores principales hacen que tenga sospechas sobre si tras las cámaras hay algo más que un mero trato profesional. ¡Parecen una pareja de verdad!

Uno de los momentos más emotivos fue ese en el que Emma Stone pasea junto a su paralelo Ryan Gosling por las cuestas del barrio pijo en busca del coche y comienza lo que es un juego de miradas, canciones, bailes… un juego que se va mucho más allá que los que son típicos de mesa.

El momento en que me autoanalicé y caí en la cuenta de que el tiempo pasa y que, normalmente, hacemos esfuerzos por ser mejores, por mejorar como personas sin cometer los errores del pasado, fue cuando la protagonista está sirviendo cafés en un típico bar en mitad del estudio de grabaciones y, de pronto, irrumpe la elegancia, la fama, la belleza de la que es una de las estrellas del momento y que, con toda la clase del mundo, no sólo paga el café sino que deja una propina generosa. Pues bien, (siento el spoiler, no puedo evitarlo) cuando el personaje que interpreta Stone llega a la fama de su carrera profesional, es ella quién repite los pasos de la primera que entra en el café dejando ver mucha clase y una fama bien merecida pese a sus primeros momentos actuando, que, recordemos, tenía un público que podría tacharse de inexistente. Esto se debe a que en uno de los estrenos de su obra de teatro no acuden más que “cuatro gatos”. Horrible la sensación de tristeza que me invadió al presenciar una escena donde la protagonista tuvo que sentirse como el ser más despreciado del planeta al no tener a casi nadie que vele por su actuación.

La conclusión a la que he llegado es que, si en algún momento de mi vida llego a ser famoso por el motivo que sea, desearía reencarnar el personaje con sus virtudes y defectos, puesto que me parece muy digna la evolución que ha tenido como persona en el periodo en que estaba formándose artísticamente.

 

Informa: Paulo Ruiz Horna

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