Camila Cabello controla y revoluciona Barcelona

Con un doble sold out en nuestro país, Camila Cabello no pudo haber hecho una entrada más triunfal como solista en España. A pesar de haber hecho hace dos años un concierto en Barcelona junto a su ex grupo Fifth Harmony, la artista cubana venía dispuesta a marcar un antes y un después dejando muy claro que lo que verdaderamente importa es la música.

Empezamos fuerte. Eran las nueve en punto y las luces se apagaron. Los primeros visuals salieron en pantalla al ritmo de, cómo no, Never Be the Same. Con un traje de aires góticos y barrocos, Camila Cabello salió al escenario dispuesta a hacer que la noche del 26 de junio no fuese indiferente para nadie. She Loves ControlInside Out, la cover de Get Busy y Bad Things fueron los temas que sonaron en la media hora siguiente.

Pero la sorpresa, para aquellos que no se auto-hicieron spoiler sobre el transcurso de los conciertos de la cantante, vino cuando cantó Can’t Help Falling in Love de Elvis Presley. Y, como ya os podéis imaginar, fue esta canción la que inauguró la parte más low del concierto. Consequences y All These Years fueron las siguientes en preparar el terreno para, sin duda, el plato fuerte de la noche: Something’s Gotta Give. A pesar de que la canción por si sola ya es un temazo, mientras Camila la cantaba se proyectaron unas imágenes haciendo referencia a diferentes colectivos sociales y, sobre todo, a la lucha contra las armas en Estados Unidos. Si se os escapó alguna lagrimilla, estáis perdonados.

El ritmo fue subiendo progresivamente otra vez gracias a Scar TissueIn the DarkReal Friends —donde subió a una fan al escenario—, Know No BetterCrown y Into It, con la que mostró su apoyo al colectivo LGTBI. Y aunque quedaban algunos temas por sonar, Camila se marchó del escenario al ritmo del tópico ‘otra, otra’ aclamado por los fans que llenaron ayer el Sant Jordi Club. Y sí, la cantante volvió a salir con un bis muy poco improvisado y dando pie a sus dos últimas canciones de la noche: Sangria Wine y Havana.

Hora y cuarto fue lo que duró el concierto y el tiempo que los camilizers pudieron disfrutar junto con su artista favorita. Y, a pesar de que Crying in the Club fue ‘la gran olvidada’, los aplausos y los gritos no cesaron ni durante medio segundo. Supongo que eso es lo que pasa cuando te metes en el bolsillo a más de 4.000 personas.

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