Ed Sheeran y su guitarra: la fórmula mágica que avivó a 55.000 personas en Barcelona

Fotografía: Marta Días (ABC)

‘La magia no existe’, dicen. Y puede que tengan razón. Quizá las hadas y las varitas mágicas sean un mero producto de la imaginación. Sin embargo, hay otro tipo de magia; esa que te cautiva y no te suelta; esa que te hace vibrar y te envuelve. Y esta es muy real y, si no, que se lo pregunten a esas 55.000 personas que llenaron el Estadi Olímpic Lluís Companys de Barcelona el pasado viernes 7 de junio para darle la bienvenida a Ed Sheeran y a su fiel acompañante: su guitarra.

Eran las nueve de la noche y el público ya había podido disfrutar de dos magníficas actuaciones: la de Zara Larsson y la de James Bay. La emoción había inundado el estadio desde las siete de la tarde, pero fueron los gritos al unísono los que anunciaron el gran momento de la noche, el directo de Ed Sheeran. El cantante británico brilló por su sencillez: camiseta de manga corta turquesa, vaqueros y un importante accesorio, su guitarra. Nada ni nadie más.

Castle on the Hill fue la canción elegida para inaugurar una noche que prometía, y mucho. Y para aquellos que solo conozcan a Ed Sheeran por su baladas, cabe decir que el setlist se configuró de una manera muy astuta. El equipo del cantante miró por la salud emocional de su público y fue intercalando canciones más ‘tristes’ con algunas más movidas, de esta forma los fans pudieron cantar a todo pulmón Eraser y, seguidamente, emocionarse con A Team y volver a motivarse con Don’t y New Man. Y después de Dive y Bloodstream vino una pequeña sorpresa (o, al menos, sorpresa para aquellos que no se habían hecho un ‘auto-spoiler’ sobre su setlist del tour): I Don’t Care. Y no, Justin Bieber no estaba pero, la verdad, es que no le hizo falta. Ed Sheeran se atrevió con una versión un poco más soft y dulce que acabó por convencer, incluso, hasta a los más beliebers.

Tenerife Sea, un mix de Lego House, Kiss Me y Give Me Love, Galway Girl, Poor Wayfaring Stranger y I See Fire dieron paso a tres de las canciones más esperadas de la noche: Thinking Out Loud, Photograph y Perfect en la que un romántico aprovechó para pedir matrimonio a su novia. Pero la cosa no acabó ahí. Y es que, aunque era un pelín predecible, Ed Sheeran hizo una excepción y ‘quiso sorprender’ cantando una canción que no estaba entre su lista del Divide Tour: Barcelona. Como era de esperar, el público se vino arriba e, ignorando que los visuals hicieron un intento de proyección de la bandera española que a causa de una franja negra en la pantalla parecía más bien la alemana, Ed consiguió que hasta los que llevaban horas y horas de pie no pudieran dejar de bailar. Y el hype no murió con Barcelona, sino que siguió con Sing y llegó a la culminación con Shape of You.

You Need Me, I Don’t Need You fue la canción encargada de cerrar dos horas de show en las que ni el público dejó de cantar ni Ed Sheeran dejó de emocionar. Él y su guitarra. Ni siquiera los coloridos y estridentes visuals que le hacían compañía podían distraerte de la sencillez y la excelencia vocal que demostraba canción tras canción. Así que si algún escéptico os dice alguna vez eso de que ‘la magia no existe’ y nunca ha ido a un concierto de Ed Sheeran, no le creáis… es una trampa.

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