BRIDGERTON, una familia de otra época y no tan fuera de serie

Así es el nuevo éxito de NETFLIX producido por Shonda Rhimes

Dirigida por Chris Van Dusen, producida por Shonda Rhimes (creadora de ‘Anatomía de Grey’) y basada en las novelas de Julia Quinn, Bridgerton es el apellido de una familia de la alta sociedad londinense durante la Regencia (período de transición previo a la época Victoriana) y también el nombre de la nueva y exitosa serie de NETFLIX: se estrenó el pasado 25 de diciembre de 2020 y sigue destacando en popularidad en la plataforma streaming.

A pesar de haberse confirmado la continuación con una segunda temporada, la primera cuenta con 8 capítulos de aproximadamente una hora de duración cada uno en los que se narra la vida de esta familia de 8 hermanxs, centrándose especialmente en la joven Daphne (Phoebe Dynevor): bella e inocente (en todos los sentidos) es presentada en la corte para cumplir con el patrón estipulado en 1800 para la vida de una mujer de clase alta: presentarse en eventos y fiestas con la única finalidad de encontrar un hombre con el que formar una familia y mantener linajes.

Mientras Anthony (Jonathan Bailey), el hermano mayor y cabeza de familia Bridgerton desde el fallecimiento de su padre, intenta imponerle un esposo que le dobla la edad a su hermana Daphne, ella conoce a Simone Basset/el duque de Hastings (Regé-Jean Page) quien para muchxs es el motivo perfecto para ver la serie y excusarlo por encima de la trama. El pobre duque (nótese la ironía) no solo es el soltero de oro sino que se anticipó a Christian Grey con un pasado turbio y una infancia atormentada que pretende justificar su carácter distante mientras desahoga sus frustraciones con el boxeo… en pleno 1820.

Daphne choca, literalmente, con el duque y ambos empiezan a coincidir a menudo sin hacerle demasiada gracia a Anthony porque… CHAN CHAN CHAN: ¡El duque es su mejor amigo y ahora también quien corteja a su hermana! Lo que nadie sabe es que la relación entre ambos es una farsa, una ficción de mutuo acuerdo para que pretendientas absurdas dejen de “acosar” al duque y para que Daphne se quite de encima al baboso que su hermano le asignó compromiso y a su vez volver a estar en la boca de todxs y captar la atención de otros hombres… incluso la del príncipe.

Mientras Daphne acepta su vida, la cual tampoco parece molestarle mucho, su hermana Eloise (Claudia Jessie) discrepa frente tal costumbrismo; ella “pierde el tiempo” leyendo y escribiendo, se cuestiona el salir del nido sola sin tener que “depender” de ningún hombre mientras se plantea llevar una vida independiente y poderosa como la de Lady Whistledown, el seudónimo de una mujer que mantiene a toda la región leyendo sus columnas de salseos habidos y por haber a diario y que no contenta demasiado a la reina con dichos “chismorreos y difamaciones”.

Pero la trama se complica más allá de los instintos predecibles que podamos plantearnos y llegar a imaginar… Y es que yo no quiero caer en la tentación de hacer spoilers involuntarios por contextualizar más allá de la sinopsis o ubicar mejor lo que el tráiler muestra, por eso te animo a verla porque, a pesar de poder criticar constructivamente muchos aspectos, considero que entretiene entre pasiones, dramas y finos toques de humor a la par que refleja temas importantes e incluso tabú, algunos todavía aplicables en la actualidad.

Personajes como Eloise nos hacen reconsiderar todas las Virginia Wolf que han existido a pesar de ser silenciadas por sociedades patriarcales u otras como Penelope Featherington (Nicola Coughlan) con cuerpos que no son “90 60 90” y también son reales… siempre lo han sido: hoy y también cuando trataban embutirlos en corsés. Una ficción con una reina, duque y otros miembros de la alta sociedad inglesa con distinto color de piel, algo que en la realidad de entonces solo podían optar a pensar en sobrevivir con la esclavitud y que hasta hoy muchxs sufren con otro nombre: discriminación racial.

Temas como la sexualidad y la libertad de la misma, independientemente de su orientación… algo que de “estar de moda” como a veces se oye en pleno siglo XXI temo informar que lleva siendo tendencia desde la antigua Roma. La autoexploración corporal y el injustificable pecado moralista que pretende justificarlo sobre todo cuando se trata de las mujeres, esas mismas que perdían su honra si no llegaban vírgenes al matrimonio mientras ellos, además de decidir por y sobre ellas y su cuerpo, podían prepararse con mucha práctica sin temer no llegar a la excelencia y no por falta de experiencia.

Los Bridgerton muestra con cuidado y detalle estético en vestuario y escenografía parte de esa época con matices en su visión, una percepción abierta y a la que todo el mundo encontrará puntilla a la cual sacarle más todavía, con sonido clásico de lo actual (literalmente suena ‘Bad Guy’ de Billie Elish a ritmo digno de Mozart entre otros en su BSO) porque hay aspectos que no trascienden mucho en el tiempo y que aunque sea a través de la ficción viene bien recordar y poner sobre la mesa.

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